martes, 18 de julio de 2017

Sonetos de circunstancias




#1 Al poema

Inscrito en el dominio de las fieras,
apenas sí nacido, ya eres ido,
hundido por el odio, diluido
en voces de ignominia trapacera.

Escrito con la pluma de un cualquiera
no tienes quien te guarde, amor ni espada
con que salvar la torva dentellada
de la voraz manada traicionera.

Si te haces a la mar, ellos te multan.
Si intentas liberarte, te encadenan.
Si buscas dignidad, ellos la insultan
y a la horca y a la hoguera te condenan
jaurías de verdugos, sordas, ciegas.

¡Jamás conjura unió tanta vileza
para vituperar a la Belleza! 




#2 Chupacabras

Que chupacabras fuiste llamado un día
fruto es de tu mente trastornada
que trastoca la rosa por la espada
movida yo ni sé por qué porfía.

Alabé, sin embargo, tu osadía,
tu tsunami mental de muerte helada
trimembre de sinopsis y portadas
con el Inglón rampando de alegría.

Pedir disculpas no es lo que le toca
al que víctima ha sido la aplastante
de un xilófago ciego por un ego
que usa aquello que lee cuan si una broca
y las tierras que pisa cuan diamantes
con que humillar desde su sucio juego.



#3 Para mi voz secreta

Ahora que no soy más, echo de menos
la queda voz secreta en que me hablabas;
lejos de importunarme, me avisabas
como la luz que avisa antes del trueno.

Antídoto precoz para el veneno
cuando preso en la sangre, ciego estaba
para ver la serpiente que anidaba
entre la yerta yerba, junto al cieno.

¿Qué no se podrá dar en este mundo,
nauseabundo chortal de vanidades
donde un amigo vil mata a otro amigo
por la pueril insidia que un segundo
notoriedad le brinda entre chacales
y quedan las ruindades sin castigo?



#4 Goma

Hoy sé cómo funcionan muchas cosas:
la ignominia, el oprobio, la lisonja;
que a la que llaman puta es la más monja
y que a los puercos presta pisar rosas.

Hoy sé de las insidias amistosas
con que sorben los sesos como esponjas
que filtran bajo el mar; luego, en la lonja
resecas, muertas, podres. Van por otras.

Hoy sé que los payasos lloran solos,
que amigos hay que son mientras hay copas,
que a la montaña inmóvil va Mahoma
y que de la que va lánzanle opas
lobos con ojos rojos cuan centollos
hervidos por la envidia que otro coma.



#5 De la disculpa en duda

Pendientes como fucsias, dos asuntos
cuelgan de nuestras idas y venidas
si en otro tiempo extrañas hoy, perdidas
por nunca supe a ciencia qué presuntos.

Sabed que yo lo siento si hubo puntos
de pérdida o sutura en las heridas
y que penumbro aún por las partidas
costuras de mi duda y sus conjuntos.

Si yo le hice algún daño, me arrepiento.
Si algún mal se me hizo, lo perdono;
con tal de que la paz halle su asiento
tendido está mi puente levadizo,
pues la aspillera invicta yo abandono
en pos de remendar lo que deshizo.



#6 Soneto del pastor que se impacienta

¿Con qué medir el sueño en la pradera,
luz que atraviesa pura el aire puro,
si en súbitos instantes lo inseguro
sabe partir la veta de la piedra?

¿Con qué medir el ansia de la espera,
desapacible paz y pleito oscuro
entre una voz que anhela el bien futuro
y otra que toma al mal la delantera?

Hilan las Parcas con suma maestría
la frágil ilusión que el miedo mengua
trocando un gran castillo en escombrera.

Caribdis se ha asociado con Scila
para que Ulises tenga nunca tregua
y sienta bajo el pie la calavera. 



#7 Soneto del destiempo

Hoy pienso en el otoño de las cosas,
los altos vuelos que yacen rendidos
bajo un manto profundo, sumergidos
entre un montón de muertes silenciosas.

Hoy siento la derrota de las rosas, 
el cieno miserable en que han caido
y el sordo fenecer de los latidos
por las secretas fuentes cadenciosas.

Si ayer fue el árbol monumento vivo,
ciega explosiónn de luz la rosa ardida
y un manantial profuso fue el venero...

Hoy tristes caen las hojas, fugitivo
se cierra el postrer beso de la huida
en mi delgada sangre, porque muero.


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